CHAPPIE: PURA CORAZA SIN CORAZÓN
- Apr 8, 2015
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Si quieren preocuparse por el futuro de la secuela de Aliens vayan a ver Chappie, la película que los hará preguntarse si Blomkamp está dando el Shyamalanazo y no puede evitar hacer la misma película siempre.
Chappie nos cuenta la historia de un futuro cercano en el que una corporación desarrolla a una división de robots policía para ponerle un alto al crimen en Johannesburgo; todo cambia cuando un grupo de malandros de poca monta secuestran al científico responsable de crear a los robots para que les enseñe cómo desactivarlos, pero descubren que él ha creado al primer robot con conciencia. Contra las protestas del científico, ellos educan al robot para que los ayude a cometer crímenes.
Lo que podría ser un concepto interesante se ahoga en un guion flojo que no quiero llamar robado porque no sé si cuente como robo cuando se trata de auto plagio. La historia se siente demasiado similar a Sector 9, y no porque ambas sucedan en la misma ciudad; si fuera pecado utilizar siempre la misma locación para todas las historias, entonces Birdman habría tenido que contarse en Yuma, Arizona. Lo que de verdad molesta es que Chappie canibaliza todo lo que fue bueno de Sector 9 y nos presenta una versión con endulzantes artificiales: el robot con conciencia actúa como el paria incomprendido cuya existencia es una amenaza a la oligarquía actual, los malandros son un producto de su sociedad que al final toman la decisión correcta porque el protagonista les ha enseñado a amar; y como si no nos quedara claro que esto es una historia contada por Blomkamp, también hay un científico sin escrúpulos y un violento líder criminal que quiere comerse al mundo.
Neill Blomkamp no tiene un hueso de sutileza en todo su cuerpo; a él le gusta su ciencia ficción sucia, su comentario social denso y su violencia gratuita. Que conste, esto no significa que sea un mal cineasta, gente como Paul Verhoeven y Quentin Tarantino han hecho su carrera sobre montañas de cuerpos falsos cubiertos en sangre sintética. El problema viene cuando todo se vuelve frases hechas y filosofía de primer semestre de universidad: “¿Qué es la conciencia?” pregunta Chappie para responderse “La verdad es que nunca establecemos muy bien ese concepto en toda la película”; “las corporaciones son el monstruo del futuro” dice muy consternado pero en ningún momento vemos a la corporación haciendo algo maligno, de hecho sus robots policías son bastante efectivos y aparentemente sí están controlando el crimen sin daños colaterales. No hay un plan malvado por parte de la empresa para llevar a cabo un golpe de estado con sus robots, no quieren destruir los barrios pobres y matar a sus ocupantes para crear un balneario para los ricos, no se roban los cerebros de los niños de la calle para darle inteligencia a sus robots, nada. La OCP de Robocop no es.
Esto es algo que sucede con todos los antagonistas de la película. Son genéricamente malos. Los malos de malolandia. Son un estereotipo de una idea de un concepto de un villano. Sus planes son tontos en su complejidad y sólo les falta un bigote que puedan retorcer. Su único objetivo es traumatizar a un robot con la edad mental de un niño porque son los malos. Todo el tiempo la película se la pasa recordándonos que ellos son malas personas y no debemos sentir nada de empatía por ellos. Todo esto a pesar de que el científico “bueno” pone en peligro a toda la ciudad por su egoísmo y los rateros con corazón de oro matan a varios a policías. No policías corruptos, no policías que patean cachorritos en su tiempo libre, policías genéricos que están haciendo su trabajo.
Los mejores momentos de la película vienen de la interacción de Chappie con el mundo que lo rodea, los criminales toman el papel de padres disfuncionales intentando hacer rudo a un huérfano ñoño que nunca ha salido de casa. Esto crea una división tan fuerte con el realismo sucio de Blomkamp que parece que estamos viendo dos películas de forma simultanea: Una es “Corto Circuito 3: Bienvenido a Joburgo” y la otra parece ser “Demo Reel del equipo de Arte de Paul Verhoeven”. Y es un fracaso total cuando ambas se encuentran. Como comedia negra Chappie hubiera funcionado muy bien, pero esta necesidad por hacerlo “épico” lo termino volviendo una mezcolanza de géneros. El ciempiés humano de los argumentos cinematográficos.








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